Desarrollo Rural
I. Introducción
Tres problemas fundamentales caracterizan la situación del sector rural en El Salvador: i) pobreza relativa y extrema concentrada en las zonas rurales, ii) bajo crecimiento del sector agropecuario como principal actividad económica de las áreas rurales; y iii) alto ritmo de deterioro de los recursos naturales y del medio ambiente.
"Los tres problemas fundamentales señalados anteriormente están íntimamente entrelazados de tal manera que se podría aseverar que cada uno es la causa de los demás. La pobreza, vinculada a bajos niveles de educación y poco acceso a técnicas modernas de producción, impide el mejoramiento de la productividad en la actividad agropecuaria, lo que mantiene niveles bajos de rendimientos y de ingresos exacerbando la pobreza. La pobreza, sumada a los bajos rendimientos e ingresos, impulsa el uso de tierras marginales y la explotación sin reposición ni cuidado de los recursos naturales, lo que empobrece más el campo y el medio ambiente, dificultando más aún una vida digna y productiva y, en muchos casos, la supervivencia de la población rural".[1]
Lo anterior ha sido abordado en un gran número de estudios: sin embargo, pocos abordan el impacto que pueden tener las disfunciones en el manejo de la información y del conocimiento sobre el desarrollo rural. Igualmente, la utilización de la información ha sido marginalmente considerada como una herramienta promotora del desarrollo.
El estudio sobre el desarrollo rural del Banco Mundial con la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social de El Salvador (FUSADES)[2] relaciona el papel de la información con las imperfecciones de los mercados rurales. Así, el estudio plantea que el deterioro de los precios de los productos agropecuarios entre 1991 y 1995 se debe en gran medida a las imperfecciones de los mercados nacionales, en las cuales la información juega, con otros factores, un papel preponderante.
Por otro lado, el estudio establece una correlación entre la disminución de la pobreza rural y la diversificación de las fuentes de ingresos de la población. En otras palabras, los hogares menos pobres son los que reciben ingresos de su propia explotación, pero también salarios e ingresos no agrícolas. Esta diversificación de las fuentes de ingresos supone el desarrollo de diferentes tipos de actividad económica en las zonas rurales, pero también un mejor funcionamiento de los mercados laborales rurales, particularmente a través de una mejor información.
Con el propósito de examinar de manera más sistemática cuál puede ser el papel del conocimiento y de la información en el desarrollo rural, se seleccionaron seis áreas prioritarias: bajo crecimiento del sector agropecuario, pobreza, medio ambiente, educación rural, infraestructura de conectividad y modernización del Estado. A continuación se abordan estos diferentes temas.
II. Bajo crecimiento del sector agropecuario
El sector agropecuario sigue siendo un sector estratégico para la economía salvadoreña. Su importancia en el mercado laboral es considerable: en 13 de los 14 departamentos del país, el sector agropecuario es todavía la principal fuente de empleo, pese a la disminución de su importancia relativa en la economía y a su débil crecimiento. El análisis de los flujos de intercambio mercantiles intersectoriales[3] demuestra por su lado que el sector es el principal cliente y proveedor de las empresas nacionales. La reactivación agropecuaria y su desarrollo sostenible son por lo tanto una condición necesaria del desarrollo nacional.
El papel de la información en la reactivación económica del sector agropecuario reviste varios aspectos importantes, entre ellos: generación y transferencia de tecnología agropecuaria, información de mercado y tecnología financiera, los cuales se analizan a continuación.
Generación y transferencia de tecnología y mercadeo agropecuario
La generación y transferencia de tecnología en el sector agrícola salvadoreño han sido desarrolladas tanto por el sector público como por el sector privado. En el sector público, existen varias instituciones involucradas en el desarrollo de nuevas tecnologías: el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), la Escuela Nacional de Agricultura, el Banco de Fomento Agropecuario (BFA), y principalmente el Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal (CENTA), creado como instrumento de la "revolución verde" y tradicionalmente encargado de la investigación y de la extensión agropecuaria. Las principales áreas de atención del CENTA han sido las pequeñas propiedades de productores de granos básicos y en menor grado la producción ganadera, las frutas, las hortalizas, los productos agroindustriales y la reforestación.
Por su parte el sector privado cuenta con organizaciones especializadas que hacen investigación y brindan servicios de extensión, en el caso del café (PROCAFE), de la leche (PROLECHE) y del azúcar (CENCICA). Finalmente, existe un número significativo de organizaciones no gubernamentales que realizan extensión agropecuaria, sin que se sepa exactamente cuántas son, ni cuáles son sus prácticas de extensión.
De manera general, la capacitación de los productores agropecuarios es poco innovadora: la extensión agropecuaria se concentra en temas de técnicas de producción, con algunos esfuerzos en las áreas de las pérdidas post cosecha y de la transformación de alimentos. Pero no existen programas de capacitación en fincas.
El diseño del sistema de generación y transferencia de tecnología es de la misma manera muy tradicional y se caracteriza por la poca comunicación entre la generación y la transferencia de tecnología y el papel reducido de los productores en la definición de los contenidos de la extensión. En el caso del sector público, la separación tradicional de las actividades de investigación y de extensión provoca problemas en la definición de las prioridades de investigación, en las cuales predominan los intereses de los investigadores, o las prioridades institucionales del CENTA o del MAG, en detrimento de la demanda de los agricultores. En el caso del sector privado, se supone que este problema sea menor, siendo el pago del agricultor una garantía por lo menos parcial que la oferta de tecnología corresponda a la demanda del cliente.
El CENTA cuenta con 425 extensionistas y 65 agencias;[4] sin embargo, la cobertura de los servicios de investigación y extensión agropecuaria es baja, lo que plantea el reto de definir modalidades más eficientes de utilización de la información.
De la misma manera, la asimilación de las tecnologías es insuficiente: por ejemplo los beneficios de la introducción de semillas no han sido sostenibles por la ausencia de seguimiento y de apoyo continuo por parte de los extensionistas, y por lo tanto en muchos casos, los agricultores han vuelto a sus prácticas anteriores. Pero el factor determinante en la débil asimilación ha sido la poca participación de los agricultores en la definición de los procesos de extensión.
También existen dificultades para consultar el producto de todas las investigaciones realizadas: no existe tanto en el sector público como en el privado, una práctica sistemática de registro de las investigaciones realizadas; la falta de comunicación entre instituciones agrava la falta de documentación de las investigaciones. Finalmente, no existen centros de documentación sobre tecnologías agropecuarias de buena calidad.
Ausencia de información de mercado
Los mercados rurales se caracterizan en El Salvador por ser mercados extremadamente ineficientes y son responsables en gran medida del deterioro de la competitividad agropecuaria. Los costos de transporte y almacenamiento son elevados, no existen normas modernas de estandarización de los productos ni competencia suficiente en las diferentes etapas del proceso de comercialización interna o externa, lo que se traduce en bajos precios para los productores y precios elevados para los consumidores.
La información juega un papel preponderante en el buen funcionamiento de los mercados. En el caso salvadoreño, existen deficiencias severas en la producción de información (problemas de actualización, de confiabilidad de los datos) así como en su registro y acceso (no existe para los productores formas sencillas de análisis de las tendencias del mercado, sólo se presentan los datos del día).
Tecnología crediticia apropiada
En las zonas rurales se estima que escasamente 5% de las operaciones productivas son financiadas con crédito. Las actividades comerciales más dinámicas, y que inmovilizan recursos financieros por un tiempo más corto, son las más financiadas. A la inversa, las actividades agropecuarias, las de más riesgo, tienen un acceso limitado al financiamiento. Además del mayor riesgo, la producción agropecuaria requiere de una oferta de servicios financieros más compleja y más especializada.
Una de las razones de la poca oferta de servicios financieros para la actividad agropecuaria es la poca creación de información sobre estos servicios: no existen en cantidad suficiente iniciativas de capitalización y de sistematización de experiencias de crédito agropecuario. Así, no se conocen los siguientes aspectos: el cliente y su entorno, el comportamiento cíclico de las necesidades de financiamiento, la modalidad de asociatividad más efectiva para optar a financiarse en una localidad dada, los principales problemas de financiar las diferentes actividades, los riesgos y los elementos favorables que hacen aplicable la operación de financiamiento a determinada actividad económica, etc. Ciertos organismos internacionales han probado diferentes esquemas de financiamiento con tipos de tecnología diversos: grupos solidarios con garantía prendaria y solidaria, esquemas de participación accionaria con capitales de riesgo convertibles a préstamos en el mediano plazo, etc. Pero tampoco existe una experiencia sistematizada de estas diferentes modalidades.
Desde la problemática del productor existe también un considerable vacío de información: las reglas del juego no son claras, los cambios en los requisitos de acceso al crédito frenan la demanda, los costos indirectos (viajes, fotocopias, comisiones diversas) son elevados y no existe información clara sobre ellos. Sobre todo, los productores no tienen oportunidades reales de interlocución con el sistema financiero formal o informal para definir servicios financieros que correspondan a sus necesidades.
III. Medio ambiente
El Salvador presenta índices de deterioro ambiental preocupantes. Lo anterior trae consecuencias nefastas sobre importantes aspectos de la vida de todos los salvadoreños, como la calidad del agua que se consume, el prevalecimiento de enfermedades de vías respiratorias, la inocuidad de los alimentos ingeridos, entre otros.
En los últimos años, la conciencia de este deterioro ha ido aumentando, lo que ha permitido empezar a fortalecer la institucionalidad pública y privada relacionada con la problemática ambiental, aunque falta mucho para que existan instituciones eficientes en este tema.[5] Otros signos positivos son la incorporación paulatina de módulos de sensibilización ambiental en los programas educativos, así como la disponibilidad de recursos financieros externos e internos para apoyar iniciativas tendientes a mejorar la situación ambiental.
Pese a lo anterior, los esfuerzos para mejorar la situación ambiental son limitados entre otras cosas por problemas serios de información. Así, no existe una información básica consolidada sobre el estado de los recursos naturales, sino una colección de estadísticas desactualizadas, de informes de proyectos difícilmente accesibles, etc.
De la misma manera, existe una gran diversidad de recomendaciones para preservar la fertilidad de los suelos en laderas, que representan la mayoría de los suelos cultivados del país. Sin embargo, es difícil para un agricultor tener una visión clara y global de las técnicas apropiadas para su finca, en ausencia de una información sintética de buena calidad.
Finalmente, en los últimos años se ha reconocido el papel de la agricultura en la gestión sostenible de los recursos naturales y por lo tanto la justificación de un pago por este servicio prestado a la comunidad. Aunque existan sistemas que permiten financiar los servicios ambientales prestados por los agricultores, no existe información clara sobre estos sistemas. Así, no ha habido en El Salvador experiencias de venta de carbono, mientras que en ciertos países vecinos como Costa Rica, existe ya una gran experiencia del manejo de estos mercados.
IV. Persistencia de altos niveles de pobreza en zonas rurales
La pobreza en El Salvador es un fenómeno que afecta principalmente las zonas rurales. En 1996, el 64.1% de la población rural vivía en situación de pobreza y el 31.4% en situación de pobreza extrema. Se ha demostrado en varias ocasiones que el crecimiento económico global tiene un impacto débil sobre la reducción de la pobreza rural:[6] pese a un incremento promedio del PIB de 5.1% en los años 90s, los niveles de pobreza se han mantenido en las zonas rurales.
Ciertos avances se han podido observar en los últimos años, de tal forma que existe ahora un amplio reconocimiento del problema. Se considera que la persistencia de la pobreza representa el principal desafío para el desarrollo del país, y la cooperación externa está dispuesta a movilizar fondos para combatir la pobreza. Sin embargo, pese a esos avances, la tendencia general es de continuar excluyendo a los pobres en el diseño y ejecución de los programas, observándose un déficit en la participación ciudadana.
Mejorar la información laboral y los perfiles ocupacionales en zonas rurales
Una de las condiciones del desarrollo de actividades no agrícolas en zonas rurales es la consolidación de mercados laborales rurales integrados, así como la existencia de información de buena calidad sobre perfiles ocupacionales y demanda de formación profesional.
En la actualidad existe poca información sobre mercados laborales rurales, lo que plantea limitaciones severas tanto para los empresarios como para la fuerza de trabajo, que pueden traducirse en pérdida de tiempo y de dinero, en distorsiones en las anticipaciones de los agentes (decisiones de inversión o de capacitación), también pueden limitar la inversión extranjera y suscitar decisiones equivocadas de inversión por parte del Estado.
La información laboral y los perfiles ocupacionales son creados por las siguientes instituciones:
Las casi ausentes posibilidades de formación profesional, tanto para las profesiones vinculadas con el agro como para las demás ramas de actividades, es otro de los grandes problemas educativos de las zonas rurales. Globalmente falta una definición clara de la demanda de perfiles ocupacionales. La formación profesional está orientada por la demanda inmediata del sector productivo, sin instrumentos para producir una visión de mediano plazo, y por la demanda de los que quieren capacitarse (que escogen profesiones donde siempre habrá supuestamente trabajo: peluquería, venta, mecánica, etc.). Lo anterior se debe a la ausencia de creación de información sobre perspectivas de las diferentes ramas productivas. Por ejemplo, ¿quién ha proyectado el impacto sobre el mercado laboral rural de los planes de modernización de la caficultura? ¿O del desarrollo maquilero?
En todos estos casos, y la lista no pretender ser exhaustiva, nos enfrentamos con una información fragmentada, producida sin tomar en cuenta la demanda real de información, obedeciendo fundamentalmente a las necesidades internas de las instituciones que la producen.
Una parte importante de la información circula de boca a boca, y no se registra. La otra parte se encuentra en informes internos o en anuarios estadísticos. En ambos casos, no existen mecanismos de difusión de esta información.
V. Educación
Uno de los principales problemas de las zonas rurales es el bajo nivel de preparación de la población: analfabetismo elevado, formación profesional incipiente, cobertura de la enseñanza pública insuficiente, tasa de deserción escolar elevada, entre otros. Esta deficiente situación educativa lleva a un terrible despilfarro del recurso humano joven.
Uno de los problemas de la educación rural es que ha sido copiada de la educación urbana, lo que se traduce en contenidos que transmiten sesgos pro urbanos y en horarios escolares que compiten con el calendario agropecuario, induciendo la deserción escolar.
Por otro lado, la educación en zonas rurales no ha sido capaz de contribuir, a partir de la cultura y del conocimiento rural, a la creación de un sistema de valores que permita a las poblaciones sentirse a gusto con su identidad rural. Hay muy pocos o ningún esfuerzos por rescatar las culturas locales. Se desconoce si existe o no algún lugar donde se registre o recopile información al respecto, mucho menos si está almacenada, o cuán accesible resulta a la población en general. Lo anterior se refuerza con el fenómeno de la emigración hacia otros países, y el retorno voluntario u obligatorio de gran parte de esa población, que ha provocado la importación de diversos patrones de conducta, sin que se sepa medir el impacto de estos sobre la vida rural.
Pese a lo anterior, existen indicadores positivos: los estudios tienden a demostrar que la duración promedia de la escolaridad está creciendo y que los padres de familia atribuyen a la educación un mayor valor. Así, se ha observado que una de las principales utilizaciones de las remesas familiares es para la educación.
VI. Infraestructura de comunicación en zonas rurales
La población rural se enfrenta con múltiples dificultades para participar en los principales flujos de información. Sabemos que la información radial llega al agricultor, ya sea a través de las radios comerciales o las radios comunitarias. La televisión y la prensa tienen una menor cobertura. Los libros y manuales circulan marginalmente en las zonas rurales, un poco más en las pequeñas ciudades, fundamentalmente en el medio escolar. La cobertura telefónica también es insuficiente en zonas rurales. La mayoría de la información circula por vía oral, en diferentes y complejos círculos sociales. Las posibilidades reales de comunicación de una zona rural a la otra son muy limitadas.
Se desconoce la existencia de estadísticas sobre el uso de información en zonas rurales. Posiblemente existan datos sectoriales sobre la circulación de la prensa escrita, los aparatos de televisión y radio, la difusión de libros educativos y el uso de las bibliotecas públicas, el impacto del programa de bibliotecas móviles, la venta de libros, la presencia de la Compañía de Telecomunicaciones de El Salvador, (CTE-ANTEL) y de otros proveedores de telefonía, así como la cobertura de Internet. Pero no es de nuestro conocimiento la existencia de una visión consolidada de la situación.
Globalmente, es importante también señalar que los flujos de información, independientemente de su naturaleza, son dirigidos de la ciudad hacia las zonas rurales. Existen pocos flujos de información formales originados en las zonas rurales, y existen obstáculos financieros y reglamentarios que dificultan la multiplicación de productores y difusores de información: elevado costo de las frecuencias radiales para las radios comunitarias, fuerte concentración de los principales medios y mercados cerrados, entre otros.
Otro punto importante es el de los contenidos relevantes de información. La información disponible en los principales medios de comunicación está orientada hacia un destinatario urbano. En la actualidad no existen vehículos de información que atañen directamente la realidad del mundo rural.
VII. Modernización del Estado
La preocupación actual sobre la crisis de las zonas rurales coincide con un período de definición, tanto en el ámbito conceptual como a escala operativa, de un Estado más eficiente, lo que representa una oportunidad para crear una administración de mejor calidad, con mayor transparencia y participación ciudadana en la toma de decisiones y con personal mejor capacitado. En lo que a comunicación e información se refiere, el Estado tendrá que definir políticas de información, y más que todo incentivar nuevos comportamientos acordes a estos nuevos objetivos, para permitir, por ejemplo, a los municipios contar con la información necesaria para gobernar con eficacia.
En el caso del sector público agropecuario, la modernización del Estado pasa por un incremento sustancial de la cantidad y de la calidad de información disponible para el público, así como una nueva definición la circulación de la información interna. La fuerte dispersión geográfica (Santa Tecla, El Matazano, San Andrés, entre otros) e institucional (MAG, CENTA, ENA, CENDEPESCA ) hace aún más necesaria la definición de una política de información, que a menudo se confunde con actividades de comunicación.
VIII. Proyectos, iniciativas y recomendaciones
Para empezar a aportar respuestas a los considerables problemas de información y conocimiento en las zonas rurales, se han seleccionado las acciones, o proyectos, descritos a continuación, basándose en las siguientes prioridades y principios:
A. Proyectos propios al círculo
1. Creación de un sistema de fichas prácticas de tecnología agropecuaria
Como se mencionó anteriormente, las prácticas actuales de generación y transferencia de tecnología no incorporan a los productores agropecuarios a la definición de las prioridades de trabajo, y tampoco a las actividades propiamente de extensión. Sin embargo, varios estudios[7] tienden a demostrar que la extensión es más eficiente cuando involucra parcial o totalmente los agricultores. También prevalece una tradicional ausencia de interés por el conocimiento agropecuario de los productores, pese al inmenso acervo de conocimiento existente en las zonas rurales. Finalmente, el actual proceso de modernización del sector público agropecuario ofrece una buena oportunidad de definir nuevamente los esquemas de transferencia de tecnología. Por lo anterior el presente proyecto pretende probar un sistema de generación y transferencia de tecnología basado en las mejores prácticas de los productores. De forma mas detallada, el proyecto contiene los siguientes elementos:
Fin general: Incrementar el nivel de ingresos de los productores agropecuarios a través de la implantación de un sistema basado en la circulación de información tecnológica agropecuaria relevante y actualizada entre los productores.
Propósitos específicos:
Actividades:
El desarrollo del proyecto cuenta con las siguientes fases: [ver esquema general]
2. Producción de material pedagógico para la capacitación empresarial de los productores agropecuarios
Otra falla importante del sistema actual de generación y transferencia de tecnología es que está focalizado en aspectos de técnicas de producción, sin tomar en cuenta las lógicas productivas y administrativas de los productores. Así, no se parte del flujo de caja anual de un productor, o de los cuellos de botella en cuanto a mano de obra, para proponer cambios tecnológicos. Por otro lado, el incremento de la capacidad administrativa y gerencial de los productores no figura en los programas de extensión agropecuaria. Lo anterior puede convertirse en una limitación seria si se quiere promover una agricultura diversificada, o más amigable con el medio ambiente. En efecto, administrar una explotación con una mayor diversidad de cultivos y que reaccione rápidamente a las señales de los mercados, o combinar control químico y control biológico de plagas, plantea problemas de administración que presuponen una buena capacidad de los productores. El proyecto presentado propone por lo tanto la creación de material de capacitación en administración agropecuaria.
Objetivo: Incrementar el nivel de ingreso de los pequeños y medianos productores agropecuarios a través de mejoras en la administración de fincas.
Propósitos específicos:
Actividades:
El proyecto estará dirigido por un comité asesor conformado por expertos en
administración agropecuaria, representantes de los gremios de productores, de
organizaciones no gubernamentales, del sector público agropecuario, y posteriormente se
ampliará hacia representantes de los productores usuarios del material. Las actividades
por desarrollar serían tentativamente las siguientes: [ver esquema general]
B. Propuestas de valor agregado a otras iniciativas
Además de las anteriores propuestas de proyectos, se recomienda desarrollar contenidos electrónicos de información relevante para las zonas rurales. La Asociación Infocentros estará encargada de operativizar las propuestas presentadas a continuación, a partir de los lineamientos propuestos.
Es recomendable conformar la estructura necesaria para llevar exitosamente a cabo la producción de contenidos, lo que significa fundamentalmente instancias rectoras (junta directiva o comité asesor), de tal forma que esté representada la mayor diversidad de intereses del mundo rural y de fuentes de producción de información, según los temas. Paulatinamente, se sugiere que estos comités se amplíen e incorporen representantes de los usuarios rurales de la información. La instancia rectora tendrá que definir rápidamente los mecanismos de su ampliación.
1. Creación de un centro virtual de información sobre prácticas culturales, patrimonio rural y tradiciones:
Este proyecto podría ser asumido como parte del esfuerzo del grupo educación, o más bien de un grupo ad hoc sobre arte y cultura nacional creado en la Asociación Infocentros y dedicado a la producción de contenidos.
Objetivo: Contribuir a incrementar la cohesión social en las zonas rurales a través de un mejor conocimiento de su patrimonio, que permita una valorización de las prácticas culturales locales y el desarrollo de su identidad rural positiva.
Propósitos específicos:
Los contenidos que tentativamente se pueden sugerir son los siguientes, entre otros:
La producción de estos contenidos estará en un primer momento realizada a partir de la recopilación y la puesta en línea de material ya existente. Sin embargo, no se excluye la creación de nuevos materiales o el desarrollo de aplicaciones originales (cursos de Nahuatl, por ejemplo).
2. Creación de información agrícola y rural relevante y organización de su difusión y acceso
El proyecto presentado a continuación tiene como propósito la creación de un importante sitio web orientado a la satisfacción de la demanda de información de la población rural, tanto en aspectos productivos como en aspectos de salud, de medio ambiente, entre otros. Su soporte principal será la Asociación Infocentros, cuya responsabilidad en el proyecto será doble: al nivel de infraestructura, la red de 100 Infocentros, de los cuales una importante cantidad se ubicará en zonas rurales, será la principal vía de acceso a la información producida. Al nivel de producción de contenidos, se creará en la Asociación un grupo temático de producción de información para las zonas rurales.
Objetivo del proyecto:
Contribuir al desarrollo del sector agropecuario y de las zonas rurales salvadoreñas a través de la producción de información relevante y el diseño de modalidades de circulación de esta información, principalmente a través de la red de Infocentros.
Propósitos específicos:
Contenidos:
En lo que a contenidos se refiere, el abanico de temas relevantes para las zonas rurales es a priori muy amplio. La instancia rectora del proyecto, en coordinación con los productores de información y los diseñadores de páginas Web, tendrá que definir las áreas prioritarias para la creación de información electrónica. Tentativamente, se pueden proponer las siguientes áreas:
- Precios de compra y venta, nacionales e internacionales, de las principales producciones agropecuarias
- Información sobre precios de los diferentes insumos
- Análisis sobre las diferencias tendencias de los mercados
- Mercado de tierras, información catastral
- Normas nacionales e internacionales sobre comercialización (humedad de granos, inocuidad de los productos)
- Consejos sobre comercialización y conservación de productos
- Principales direcciones y vínculos de importadoras, exportadoras, centros de trámites, entre otros
- Creación de un banco de datos sobre agricultura sostenible
- Soporte para intercambio de experiencias de producción agropecuaria sostenible
- Soporte para sistematización de experiencias de producción sostenible
- Educación ambiental
- Información y capacitación sobre mercados ambientales (mercados de carbono)
- Foros sobre prácticas amigables para el medio ambiente
- Mercados para productos orgánicos
- Tendencias climáticas
- Zonificación agroclimática del país y clasificación de riesgos
- Evolución de la canícula
- Evolución de la disponibilidad, del consumo, de la estabilidad
- Sistema de recolección de la información para la construcción de indicadores
- Evolución de fenómenos meteorológicos
- Información sobre programas locales y nacionales de ayuda y prevención
- Consejos prácticos antes y después de los desastres; reunificación familiar
A modo de ejemplo, se puede citar:
- Experiencias de crédito rural
- Fomento de cadenas agroindustriales y de actividades no agrícolas en zonas rurales
Notas:
1. Comité para el Desarrollo Rural: "Lineamientos para una estrategia de desarrollo rural", documento para consulta, San Salvador, noviembre de 1998, p.vi & vii. [volver] 2. The World Bank: "El Salvador Rural development study", Washington, marzo de 1998. [volver] 3. Hugo Ramos, "Revalorización del sector agropecuario", mimeo, proyecto CRECER, San Salvador, 1998.[volver] 4. Se desconoce el número de extensionistas en el sector no gubernamental. [volver] 5. Ver por ejemplo las propuestas de reforma institucional en Temas Claves para el Plan de Nación, consulta especializada, capitulo "Medio ambiente y desarrollo", Enero de 1999, San Salvador. [volver] 6. Samuel Morley: "La pobreza y la recuperación y la reforma en América Latina", San Salvador, PNUD, 1997. [volver] 7. Por ejemplo el estudio realizado en el marco del proyecto Conectándonos al Futuro por Lesser Linares: "Flujo de información y conocimiento en el sistema de generación y transferencia de tecnología en el sector agropecuario de El Salvador", San Salvador, borrador, 1999. [volver]Todos los derechos reservados. Se permite reproducir el contenido de esta publicación siempre y cuando se cite la fuente completa: Conectándonos al Futuro de el Salvador, "Estrategia para la Creación de una Sociedad de Aprendizaje", San Salvador, 1999, http://www.conectando.org.sv/Estrategia/