Conectándonos al Futuro

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Migración salvadoreña
"Herman@s Cercan@s: Aprendizaje y Desarrollo Sin Fronteras"

Aportes al círculo de aprendizaje sobre Migración y Transferencia de Conocimiento:

Moisés Rodríguez, de Winnipeg, Canadá, nos envía las siguientes observaciones (septiembre 1998):

La integración de salvadoreños en el exterior vista desde Winnipeg

Estas son una serie de apreciaciones personales que he desarrollado de mi relación con familias salvadoreñas de diverso origen y condición social y que han hecho su hogar en Winnipeg, Manitoba, Canadá:

La población inmigrante no tiene muy clara su relación con El Salvador, en el sentido de que en muchas ocasiones se trata de personas que salieron del país hace varios años y no han regresado, y desconocen las transformaciones que el país ha tenido en esta década. Usualmente, se trata de familias que mantienen una visión bastante romántica de la realidad salvadoreña (allá todo es mejor) y tienen problemas para integrarse a la sociedad canadiense debido a sus niveles de educación y por problemas de lenguaje y/o disciminación racial. Aunque no quieren quedarse a vivir aquí definitivamente, tampoco conocen las condiciones en El Salvador. Muchos se mueven a provincias más prósperas, o van a El Salvador a tratar de quedarse y regresan a Canadá. En esos casos, evitan regresar a las ciudades de las que salieron, sino que se mueven de Winnipeg a Toronto o Vancouver, o viceversa.

La inmigración a Canadá se inició alrededor de 1983 y disminuyó notablemente después de 1992. Es decir, los inmigrantes salvadoreños en Canadá no pueden tener más de 18 años viviendo acá, y el promedio es de alrededor de 10 años. En esas condiciones, no resulta muy realista hablar de varias generaciones de inmigrantes; básicamente se trata de dos generaciones: los padres de familia y sus hijos, que ahora se están acercando a la mayoría de edad. La segunda generación está más plenamente integrada a la sociedad local –en el sentido de que la mayoría habla mejor inglés que español, se ha educado desde muy temprana edad en el sistema local, y sus redes sociales son fuertes entre otros inmigrantes –no necesariamente latinos– y sajones. Ellos usualmente tienen potenciales de ingresos mayores y mejores niveles de educación; sin embargo, los vínculos familiares en El Salvador no son tan fuertes –y hasta no existen en el sentido salvadoreño del término.

Yo creo que el nivel cultural de los salvadoreños viviendo en Winnipeg es en general el promedio que uno encontraría en El Salvador. A nivel educativo, la población se inclina más por cursos de carácter técnico. No hay muchas personas estudiando en las universidades locales –las universidades de Winnipeg y la de Manitoba– y sí un mayor número de estudiantes en el colegio técnico local –el Red River College– que enfatiza la docencia hacia el mercado de trabajo local.

Lo dicho anteriormente en relación a la segunda generación de inmigrantes es importante porque eso genera dos retos a cualquiera que busque vincular el desarrollo de El Salvador a los salvadoreños en el exterior:

  1. Las remesas familiares y contribuciones culturales y educativas de este sector ("los hijos de los inmigrantes") tenderá a reducirse en la medida que ellos no mantienen los mismos vínculos sociales, familiares y culturales con el país que sus padres.
  2. La primera generación no incrementará el nivel de sus contribuciones económicas al país, porque en primer lugar, no tienen niveles de educación que les generen grandes ingresos, y porque con el tiempo, sus compromisos económicos tienden a cambiar. Acá es posible adquirir casas y tener un buen nivel de movilidad social en general, pero la tasa de desempleo es también alta para los estándares primermundistas (cerca del 10 por ciento.)
  3. Los salvadoreños con un nivel de ingresos y educación superior no parecen tener muchas expectativas en regresar al país, ya que se encuentran plenamente integrados a la sociedad local, o están en el proceso de estarlo. Esto es importante porque son los sectores que podrían aportar más al país, financiera y técnicamente.

Los niveles de educación en Canadá son bastante altos, y la población inmigrante tiene acceso a universidades, colegios técnicos, y equipos y beneficios comunes acá, como el acceso a computadoras y a la Internet, por ejemplo. Entrar a las universidades locales es fácil si se cuenta con la educación adecuada y hay muchos casos de estudiantes salvadoreños con estudios exitosos en las universidades locales.

Sin embargo, no creo que el gobierno salvadoreño esté desarrollando políticas que busquen atraer a graduados universitarios o de colegios técnicos a El Salvador. Aquellos que se van al país a trabajar lo hacen a nivel personal y porque tienen de antemano la posibilidad de conseguir trabajo o ya lo han adquirido a traves de sus familias y/o contactos personales.

Propuesta al gobierno salvadoreño:

Yo sugeriría que:

Nada de lo sugerido está fuera de posibilidades de un organismo gubernamental, y es tan barato como el abrir una página en la Internet, si se tiene la visión de la necesidad y la información requerida.

Creo que el gobierno podría hacer una buena labor de vincular a las comunidades inmigrantes y de paso promover que los inmigrantes mejoren sus niveles de educación; hay muchos salvadoreños que no ven mucha utilidad en matricularse en programas de ingeniería, por ejemplo, porque saben que la competencia por trabajos es dura a nivel local, pero sí lo harían de saber que en El Salvador tendrían oportunidad de emplear sus conocimientos y habilidades técnicas.

Sobre las posibilildades de generar inversión financiera hacia el país:

Los niveles de anarquía en ciertas zonas del país y de la capital son realmente preocupantes y hay aún mucha impunidad de parte de sectores con acceso al poder económico y político. No quiero hablar de casos que hasta ahora se ventilan en los juzgados salvadoreños, pero me parece claro que el país aún requiere de un compromiso político para fortalecer el estado de derecho y hacer que todos los salvadoreños sean realmente iguales ante la ley. No pretendo hacer política desde el naufragio, sino establecer una premisa básica: yo no invertiría en El Salvador, ni le sugeriría a nadie el hacerlo, hasta que sepa que el Estado salvadoreño pueda hacer frente a casos de fraude y proteger a los todos los inversionistas, lo que me parece no pasa hasta el día de hoy.

A nivel de las remesas, eso es un poco más problemático. No creo que haya muchos salvadoreños que envíen sus remesas por el correo; ni siquiera el sistema bancario parece ser muy seguro: la última vez que envié una remesa (y eso cuesta hasta $40 U.S.) me advirtieron en el banco que ellos no se hacían responsables de fondos destinados a un banco centroamericano. Hay muchas formas más o menos seguras de enviar dinero, y ese es precisamente mi punto: hay muchas formas.

Aunque parezca un atentado a las políticas descentralizadoras y antiestatizantes, me atrevería a sugerir que se estableciera un sistema confiable y barato de enviar dinero al país, y eso podría ser promovido desde el gobierno, siempre y cuando el proceso fuera transparente y apolítico. Actualmente, el costo de enviar una remesa oscila entre $10 y $50, dependiendo del canal. Si se multiplica la cifra 800,000 (aproximadamente el número de remesas enviadas al país anualmente, por dar un número) por $20 (el costo promedio del servicio), pues resulta que alguien se está embolsando unos 16 millones de dólares al año sólo por asegurarse que el dinero sí llegue a las personas debidas en El Salvador, y aún así eso no es totalmente confiable. ¿Hay alguna empresa en el país, estatal o privada, que se comprometiera a establecer una red segura de envíos por $16 millones al año?

Finalmente, me parece que el gobierno salvadoreño debería promover los consulados en Canadá y otras instancias locales de desarrollo comunitario. Yo sé que existen consulados en diferentes ciudades canadienses, o que podrían existir, pero no hay formas muy directas de ganar accesso a esas instancias. El único reto mayor es que usualmente, las comunidades de salvadoreños mantienen estructuras que se nuclearon en torno a los comités de solidaridad de los ochentas, y en ellas subsisten tendencias ideológicas que no necesariamte responden a la realidad salvadoreña.

Para evitar confrontaciones políticas y desgastes innecesarios, creo que se pueden adoptar esquemas de "amigos de X pueblo" o "Amigos del Hospital Rosales" o en general, es posible nuclear a los salvadoreños en proyectos comunitarios de rescate o desarrollo.

La cooperacion con las autoridades salvadoreñas se puede dar mediante la agilización de trámites para permitir que recursos materiales sean enviados al país y recibidos por los beneficiarios debidos. Las autoridades comunitarias o gubernamentales del país podrían también facilitar el intercambio de información para hacer todo ello posible.

Bueno, estas son algunas ideas que se pueden implementar sin que generen grandes inversiones de recursos para el país, y que son factibles a mediano plazo.

Moisés Rodríguez | sintesis@pangea.ca

 

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Actualización  23-01-1999
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